Derribo de la antigua fábrica de cervezas El Águila en el Cabanyal (Valencia, 1990)

Descripción general

El derribo de la antigua fábrica de cervezas El Águila en el barrio del Cabanyal de Valencia (1990)
constituye un hito en la historia de la demolición industrial urbana de la ciudad. Se trata de una
intervención de gran relevancia técnica y simbólica, al actuar sobre una estructura industrial de gran
entidad en pleno tejido residencial, marcando un antes y un después en la forma de afrontar
demoliciones de este tipo en el entorno urbano valenciano.

Ubicación

El edificio se hallaba en la zona del Cabanyal-, Cañamelar, en la antigua trama industrial próxima a la
calle del Arquitecto Alfaro, en el área de expansión industrial de Valencia consolidada en torno a
mediados del siglo XX. La fábrica formaba parte de un paisaje industrial que conectaba con el mercado y
la plaza de la zona, integrándose en el tejido urbano desde su construcción en la década de 1950

Alcance del trabajo

La actuación consistió en la demolición completa de la antigua fábrica de cervezas El Águila, un
complejo industrial de varios volúmenes a dos aguas, con estructuras de gran volumetría y altura,
construidas en ladrillo cara vista y hormigón, y con depósitos de agua y naves de notable dimensión. La
operación se abordó como un derribo industrial urbano, con el objetivo de liberar el solar para nuevas
dotaciones o edificaciones, minimizando riesgos y afecciones al entorno consolidado.

Proceso y metodología

La demolición se llevó a cabo mediante voladura controlada, una técnica de derribo con explosivos que
requiere un diseño milimétrico de la estructura y una secuencia precisa de disparos. El equipo técnico
realizó un estudio detallado de la planta, las pilares maestros, los muros de carga y los puntos de apoyo,
determinando qué elementos debían ser atacados para inducir el colapso en el sentido deseado y evitar
rebotes o desplazamientos fuera del perímetro previsto.

La voladura se programó en una única operación, con explosivos colocados en puntos clave de los
soportes verticales y vigas, de modo que el edificio “cediera” de forma coordinada y controlada,
concentrando la caída sobre el propio solar. Previo al disparo se ejecutaron trabajos de preparación:
achaparrado de estructuras, protección de elementos sensibles y acondicionamiento de la zona de
colapso para absorber el impacto y reducir vibraciones.

Tecnologías y materiales utilizados

La propia estructura industrial basada en muros de ladrillo rojo apagado, pilares de hormigón armado y
grandes volúmenes de cubierta fue objeto de análisis estructural avanzado para calibrar la respuesta
ante la voladura. En la operación se emplearon explosivos de baja velocidad de reacción y sistemas de
ignición electrónica sincronizada, que permitieron encadenar los disparos en milisegundos, asegurando
un colapso secuencial y ordenado en lugar de un simple “salto” del edificio.

Además, se utilizaron medios auxiliares de contención (barreras de tierra, colchones de material,
pantallas de protección) y sistemas de medición de vibraciones y ruido, para verificar que los niveles de
impacto sobre los edificios colindantes se mantuvieran dentro de los límites de seguridad establecidos.

Medidas de seguridad y organización

La intervención se desarrolló bajo un riguroso plan de seguridad, que incluía delimitación de un
perímetro de exclusión amplio, cortes de tráfico, control de accesos y coordinación con Policía Local,
Bomberos y servicios municipales. Las labores se coordinaron en tiempo real, con responsable técnico,
supervisor de seguridad y equipos de emergencia en alerta para actuar de forma inmediata ante
cualquier imprevisto.

Previo al disparo se evacuaron los edificios más cercanos y se informó a la ciudadanía sobre la
operación, convirtiendo el derribo en un acontecimiento urbano de gran impacto visual y mediático, con
numerosos vecinos y aficionados al costado de la calle Juan Mercader para presenciar el colapso en
directo.

Resultados y beneficios

El resultado fue un derribo rápido, preciso y altamente controlado: la fábrica se derrumbó en cuestión de
segundos, concentrando la mayor parte de los escombros en el propio solar y minimizando daños a
edificios colindantes. La operación permitió liberar un terreno de gran valor en el Cabanyal, abriendo la
posibilidad de nuevas dotaciones urbanas, vivienda o infraestructuras en un entorno antes dominado
por la gran escala industrial.

Desde un punto de vista técnico, la demolición se convirtió en un referente de demolición industrial
urbana en Valencia, demostrando que estructuras de gran entidad pueden ser gestionadas con voladura
controlada cuando se combinan diseño riguroso, planificación detallada y un estricto marco de
seguridad.